DISCERNIR

Objetivo: Jesús nos invita a alojarse en nuestra casa. Mirar con los ojos de Cristo, principalmente en lo que hace a su encuentro con los demás, cómo celebraba la vida, aprehender de El, encarnarme en ese Cristo que se lanza a los demás, al encuentro con los otros, El sale desde El porque cumple la Voluntad del Padre.

 

 

 

ü   Motivación:

Juan llega a su casa y viene acompañado por un amigo “el flaco”, un poco mayor que él.

Juan saluda al llegar y dice: ¡Sorpresa! ¿Miren a quién invité a casa a comer?

En su casa están su mamá, su papá, su hermano y su abuelo.

(La mamá sale a su encuentro sonriente a recibir a su hijo, le da la bienvenida a su amigo)

 

La Madre: - ¡Cuánto hace que no venís por casa!. Yo sabía que ni bien te hicieras amigo de Juan  no tardaría en traerte a casa.

El flaco: - Es cierto. Cuánto tiempo. Pensar que antes venías cada tanto a mi casa, pero ya hace rato que no nos visitás.

La madre: - Vos sabés como son las cosas, el tiempo, las ocupaciones.... pero, pasa ¡bienvenido! La madre continúa con lo que estaba haciendo para esquivar la conversación.

(El hermano que está en un sillón escuchando música permanece indiferente, y el padre que ve la escena desde lejos se mantiene distante con cara de desconfiado.)

(El abuelo que lee el diario ha escuchado pero también permanece indiferente.)

Juan:- Ponéte cómodo “flaco” que voy a buscar unas cosas que quiero mostrarte y vuelvo enseguida.

(El flaco se sienta al lado del hermano, quien permanece inmutable)

El flaco: - Seba, vos siempre igual. No me vas a dar bola ni aunque me siente al lado tuyo ¿no?.

(Seba sigue sin responder)

El flaco: - Pensar que pudimos ser los mejores amigos, y preferiste arreglártelas solo. Y lo conseguiste.... Porque a pesar de tus compañías, a ninguno los considerás amigo tuyo.

(El hermano sigue sin contestar pero eleva la mirada como acordándose de los viejos tiempos.

El flaco ya no insiste, se levanta le presiona el hombro y va para la cocina donde está el padre de Juan, y antes que diga nada)

El Padre: ¡No me vengás a hablar a mi ahora! Ya sabía que tan pronto como Juan se hiciera amigo tuyo no tardarías en volver a casa. A mi casa vení cuando quieras, pero no te acerques a mí.

(el flaco hace un ademán de querer responderle)

El Padre: - Vos sabías que ese ascenso era para mi. Mirá que te lo pedí y hasta te rogué que me ayudes a conseguirlo, y ya ves. Se lo dieron a Carlos. Y eso no te lo voy a perdonar jamás.

El flaco: - Néstor, ya se que me lo pediste. Pero no tuviste confianza en mí. Yo sabía que no te convenía...

(El Padre) interrumpe: - No me vengas con eso, ¿vos qué sab...? Buenos, aunque lo sepas, necesitaba esa oportunidad... quería esa oportunidad.

El flaco: - Al final pensé que te gustaba estar conmigo, que disfrutabas los momentos que pasamos juntos, y ahora dándome cuenta que solo me querías para pedirme. ¡Qué clase de amistad es esa!

El padre: - ¿Qué querés de Juan? ¿Te lo querés llevar? ¿Qué le vas a proponer?

El flaco: - Vos sabés que para Juan solo deseo lo mejor. Juan es tan importante para mí como toda tu familia. Incluso de vos aunque te enceguezcas en reconocerlo. Incluso de Seba (el otro hijo) que está en casa pero es como si no estuviera. Y lo que tengo preparado para Juan, es entre él y yo. Cuando quieras conocer lo que tengo preparado para vos, vení a mi casa, y empezamos de vuelta.

(El padre, hace un gesto de por ahora no y se aleja.)

(Mientras que espera a Juan, el flaco se sienta al lado del abuelo, quien parece querer esconderse detrás del diario como para no verlo al flaco.)

El flaco (sabiendo que lo está escuchando empieza): - Franco... Te estuve esperando todos estos años y ya no me volviste a visitar. ¡Qué felices éramos con Clara, tu esposa, cuando nos fuimos de misioneros al chaco! ¿No? ¡Cuántas familias que visitamos! ¡cómo nos recibieron! Ese años hice más amigos en ese pueblito, como nunca antes en el pasado. Y todo gracias a ustedes y a ese grupo juvenil. Como ahora con Juan ¿no?

(El abuelo parece recordar todo lo que relata el flaco y se emociona. Pero permanece en silencio.)

EL flaco: Pero desde que Clara se fue, ya no sos el mismo. Ella te está esperando en casa con papá, pero sabés que todavía te necesito acá. En tu familia, en tu barrio. ¿Por qué no venís a verme a casa y charlamos un poquito más?

(El abuelo, baja el diario, y con una sonrisa le responde allí va a estar y que lo espere.)

Juan (llega con unos papeles y dibujos, y ve que está de charla con el abuelo): - ¿ya se conocían ustedes?

El flaco: - Dale Juan... si vos sabés que conozco a tu familia hace años. (y se levanta mientras que se dan la mano con el abuelo como en un ¡Trato hecho!)

El flaco: - No sabés como extrañaba venir a tu casa. ¡Gracias por haberme invitado!

Juan: - ¡Vamos Flaco! Vos sabes que no necesitas invitación. Vení que te muestro en lo que estamos trabajando en la JUBE.

(Juan empieza  mostrarle una infinidad de proyectos pastorales en su obra y en una provincia del interior.)

El flaco (interrumpe): - ¡Esperá, Juan! Vayamos de a poco. ¿Por qué no empezás contándome un poco más de vos, de tu nuevo trabajo. Me enteré que empezaste a salir con Mónica. Después hablamos de lo que van a HACER.

(Los dos se van abrazados mientras que Juan con mucha alegría entra en un diálogo personal y amistoso con el flaco.)

 

El flaco: - Juan. Necesito que hagas algo para mi. No es fácil, pero sos el mejor amigo a quién puedo pedírselo. No me tenés que responder ahora, pero necesito que lo pienses con cuidado.

Juan (medio asustado): - La verdad es que me muero de nervios. Porque sé que a otros le has pedido mucho y tengo miedo de no poder aceptar lo que me pidas.

Flaco: - Vos sabés que quiero que seas muy feliz. Realmente feliz. No tengas miedo.

(Y el flaco le cuenta que quiere de él aunque no se escucha lo que le está diciendo.)

 

Juan ya está en su casa. Ha escuchado lo que el flaco le ha pedido y está preocupado, pensativo. Está contento porque le han confiado algo importante y por otro lado nervioso por no animarse o por fracasar.

(Su hermano menor, Seba, sabe que está preocupado y trata de animarlo.)

Seba: - ¿Te lo ha pedido no?

(Juan asiente con la mirada baja.)

Seba: - ¿Qué es lo que te preocupa? ¿Acaso no es tu amigo?

Juan: - Claro que lo es. No es eso. Es que tengo miedo de fallarle.

Seba: - La verdad, hermano, es que te envidio. Tenés un proyecto y tenés unas fuerzas bárbaras para hacerlo, y sobre todo ese amigo que tenés.

Juan: - Seba. Si a vos también te quiere tanto como a mí. Yo sé que tiene un proyecto muy importante también para vos. ¿Por qué no te acercás un poco más a él?

Seba: - La verdad es que me da vergüenza, después de cómo traté todos estos años. ¿Cómo hago para acercarme a él.

Juan: - Nada, gilún. El te está esperando. Siempre te esperó y siempre te va a esperar. Yo hablo mucho de vos con él, y él me habla mucho de vos.

Seba: -¿En serio?

Juan: - Claro, Seba. Yo sé que a vos esto de la JUBE no te va, pero podés acercarte a él igual. Hasta con la música que es lo que más te gusta puede ser un motivo para acercarte a él. Ya sabés que a él le hace feliz lo que a vos te hace feliz.

Pensálo... y dejáme un poquito solo que quiero pensar.

 

(El papá y la mamá de Juan, están preocupados porque ver tan pensativo y por momentos entusiasmado a su hijo. Saben que tiene que tomar una decisión, pero no conocen de que se trata.)

Papá: - Seba. ¿Podemos charlar un rato?

Juan: - ¡Dale! Así me despejo un poco.

Papá: - ¿Estás preocupado por algo que te pidió? ¿No?

Juan: - La verdad es que no estoy tan preocupado por lo que me pidió. Más bien lo estoy porque me eligió a mí. Yo, que nunca pude encarar nada con seriedad y responsabilidad.

Papá: - La verdad es que no se que te habrá pedido, y me preocupa. Pero si puedo decirte que estoy seguro que si te eligió, es porque vio lo mejor de vos y yo que te conozco sé que no se equivocó.

Todavía sos chico, por eso te preocupa la seriedad y la responsabilidad, pero eso viene solo, cuando descubrís tu verdadera vocación. Y de eso se trata. Si viene de él, es tu vocación. Es lo que te va a hacer feliz.

Papá: - No importa lo que sea. Yo sé que vos sos capaz. (Y lo abraza con orgullo.)

Papá: - Lo invité a almorzar mañana. Quiero que lo invitemos más seguido a estar con nosotros.

 

 

v      Trabajo personal

ü       Elegí un personaje y pensá:

¿Por qué lo elegiste?

¿Qué te llamó la atención?

¿Relacionás alguna situación con alguna que conozcas en la realidad?

¿Qué sentimientos le despertó El Flaco al personaje?

¿Qué sentimientos tiene el personaje hacia el flaco?

¿Vos tendrías la misma actitud del personaje? ¿Por qué?

¿Es este el personaje con el que te identificás? Si no, ¿con cual? ¿Por qué?

ü      Comparten en binas o de a tres los sentimientos y actitudes.

ü      Meditación personal guiada

 

 

 


 

Hasta acá, “El Flaco” o Jesús, salió a buscar a otros, ahora quiere tener un encuentro con vos, te mira y te dice: “Bajá, que hoy quiero alojarme en tu casa”

Para preparar el corazón y la mente te invito a que levantes los ojos al cielo, observálo por un rato tratando de aquietar tus pensamientos.

Cuando creas conveniente, ponéte en presencia del Padre haciendo la señal de la Cruz.  Pedile a Jesús que te toque el corazón y vivifique en él tu llama joven; y que el Espíritu Santo sople fuerte, despejando todo aquello que te impida seguir mejor a Cristo.

Comenzá con el texto que sigue, hacé una lectura con la mente y, luego, una lectura con el corazón tratando de pensar y sentir qué quiere Dios de vos

 

        “Eran las cuatro de la tarde. Nunca olvidaré esa hora. Andrés y yo estábamos con Juan Bautista.  Pertenecíamos a su comunidad.  Al pasar Jesús, dijo: “Este es el Cordero de Dios”. Como atraídos, arrancados del lado de nuestro maestro, nos pusimos en camino detrás de Aquel Maestro. El nos dijo “qué buscan”; nosotros le respondimos “dónde vives”.  Y nos invitó a ir con El y a ver.  Y aquella noche quedará para siempre en el corazón joven de Andrés, y en el mío, aún más joven.  Por fin, mis años jóvenes habían encontrado rumbo.

         Luego todo fue como una chispa que salta y que incendia el bosque.  Nosotros no podíamos callar la llama, no podíamos encerrar el fuego.  Y se lo contamos a Simón y a Felipe y a Natanael.  Sencillamente les dijimos: “Hemos encontrado al Cristo”. Estábamos tan seguros de ello que se sintieron atraídos por nuestro testimonio.  Y se pusieron en camino. Sin saber quién era Jesús, iban decididos a “encontrarse con El”.  Como nosotros, también se sintieron tocados por su mirada, por su Palabra, por su Presencia.  Nos mirábamos los unos a los otros, pero necesitábamos mirar todos en la misma dirección, necesitábamos mirar a Jesús.

         Y así comenzó todo.  El no ofrecía nada; se daba, lo sentías tuyo.  El no imponía nada; sólo sugería, invitaba, inquietaba.  El no se quedaba atrás; siempre caminaba adelante, abriendo el camino.  El no se quedaba parado, instalado en ninguna parte; siempre en éxodo, siempre de pueblo en pueblo, siempre en busca del hombre y la mujer necesitados.  Pronto aprendimos un estilo nuevo de vida, una manera única, original, auténtico de ver, pensar, sentir y actuar.  Era el estilo de Jesús que, como el fuego, iba prendiendo en llama viva en nuestras vida.  Quemaba lo de atrás, lo viejo; y de sus cenizas surgía un hombre nuevo.

 

        Jesús perdido entre los hombres, sudando entre los hombres, manchándose de polvo del camino entre los hombres, fatigado de caminar... Jesús sigue adelante.  Con Jesús, amigo del hombre, hermano del que sufre, el camino se hace ligero al caminar.  Con Jesús la vida del hombre encuentra sentido. Jesús tiene un corazón sensible, un corazón con capacidad de amar y ser amado.  Jesús crea amistades y le gusta cultivarlas.  Es amigo sincero.  Amigo fiel y transparente.  Tiene un corazón lleno de ternura y bondad, de dulzura y humildad.  Jesús siempre es claro.  Y va derecho a las cosas.  No cabe en El la postura ambigua.  Le gusta el sí o el no. Jesús es directo. Es inquietante.  Reta a comenzar de nuevo.  Jesús llama a poner en mi vida amor, donde haya odio; verdad, donde haya mentira; libertad, donde haya esclavitud; fe, donde haya duda.  Llama a abrir los ojos y caminar sin miedo. Jesús lleva a  encontrarse consigo mismo, con la realidad carnal, baja, llena de pasiones.  Con la realidad de tendencias desordenadas, marcadas por el orgullo, egoísmo, violencia... Jesús hace que entre dentro de mí y descubra la realidad profunda.  Experimente esa pelea del corazón humano entre lo de arriba y lo de abajo, entre el hombre nuevo y el hombre viejo.  Llama a que abra los ojos desde la fe a esa vida nueva que, si creo, va a nacer en mi corazón de hombre.  Necesito dejarme llevar por el viento que sopla, el viento que hace temblar la llama viva de la vela, el viento que va arrancando una a una las páginas de mi viejo libro.

Jesús quiere al hombre como esté, en su situación personal.  Así lo llama, Así lo ama.  Jesús quiere al hombre que poco a poco vaya cambiando su corazón.  Jesús no ofrece nada, se ofrece a sí mismo; Jesús no promete descanso y vida plácida.

Jesús salva porque nos da la mirada honda sobre las personas y los acontecimientos.  El nos hace ver con claridad.  A los leprosos, Jesús les impuso las manos. Jesús jamás desoyó el llamado de un enfermo, pero más allá del cuerpo, Jesús sanó a quienes tienen un corazón enfermo.  Fue así como hizo que Zaqueo se transformara en hombre honrado y solidario. Hizo que una mujer adúltera recibiera su perdón y su acogida.  Jesús no es un Super Hombre, es un hombre como todos, es un joven con ideales, El está sometido al tiempo, al espacio, la cultura y a la historia como cualquier hombre de la tierra.  El amor moviliza todas sus acciones, el llanto y las lágrimas no lo humillan al llorar en público para expresar el dolor que siente en su alma.  Siente indignación ante los fariseos por su estrechez e hipocresía.  Con una soga se fabrica un látigo, da vuelta a las mesas, desparrama el dinero y expulsa del templo a los que comercian como ladrones.  Jesús se compromete con aquellos que lo aman.  A sus discípulos los quiere, los consuela, los visita, y les da su tiempo y su palabra.  Vivió en plenitud su vida. Conoció el trabajo, la familia, la amistad y la tierra.  Supo amar intensamente, apasionadamente.”

 

v      Te dejo una guía por si querés ir preparándote para tu encuentro personal con Jesús

 

'         Para los primeros párrafos

Me pongo en el lugar de los discípulos, miro cómo actúan y cómo actuaría yo.

Pienso quién fue en mi vida que me dijo: “Este es el Cordero de Dios”

&    Para la segunda parte

Me pongo a la escucha, a ver qué me dice Jesús, a qué me invita, qué me resuena, qué cosas me ayudan a ser otro Cristo y qué cosas me alejan.

Le pregunto: ¿esto es lo que Vos querés para mi vida? ¿esto es lo que me decís cuando me invitás a seguirte?

Hablo con Dios Padre y le pregunto si hay algún aspecto de Jesús que me pide que cultive, en qué aspectos de mi vida tengo que renovarme.

Hablo con Jesús, antes de encontrarme con El, me imagino dónde me encontraría, cómo sería ese lugar, en qué momento del día, qué le preguntaría, anoto lo que me va surgiendo.  Llega la hora del encuentro, ¿cómo estoy? ¿Cómo me siento al esperarlo? ¿Llegó mi amigo? ¿Vendrá? Hubo alguna situación en la cual me quedé esperándolo y sentí que Jesús no vino.

Por fin llega, se sienta conmigo, me saluda y me mira a los ojos y comenzamos nuestra charla...

 


 

v      Celebración

Objetivo: Celebrar que Cristo nos une, que es el motivo de nuestra alegría, del encuentro, que nos interpela a salir de nosotros a encontrarme con nuestros hermanos.

 

Nos reunimos todos juntos por el faro mientras cantamos....(1)

Este amigo nos quiere decir algo más.  Así como invitó a Andrés y a Juan, nosotros, ahora, le decimos: Maestro, dónde vives? El lo invitó a Juan a pasar, y esta puerta simboliza la puerta de su casa más íntima, de su corazón. Nos invita a meternos en su corazón y lo queremos representar con esta puerta y en el faro que representa a Jesús, como lo vivimos en los CamJuMitas anteriores, como nuestra luz y guía, por esta puerta podemos entrar a El.

Cantamos “Entra a mi hogar” (mientras vamos caminando al oratorio)

Ahora estamos esperando a nuestro amigo, nos venimos preparando desde la mañana, fuimos preparando nuestro corazón, nos fuimos despojando de nuestras preocupaciones, de lo que no nos dejaba ver y acá estamos,... esperándote...

Cantamos “Jesús Aquí Estoy”, 2 primeras estrofas.

Entra el Santísimo, canto de Adoración

Bendiciones

Leemos Lc 19,1 – 16 La conversión de Zaqueo

Silencio

Cantamos...(2)

 Retomar lo que meditamos, le pregunto a Jesús, presente, en frente nuestro, ¿esto es lo que querés para mi vida? ¿esto es lo que decís cuando me invitás a seguirte?

Silencio

 

Zaqueo, Juan, Joven, amigo.  Las cosas no ocurren porque sí; yo estoy marcando tus pasos; yo estoy abriendo un espacio nuevo en tu historia joven.  No; mi sangre derramada en lo alto de la cruz no fue broma.  LA derrame por ti.  Yo te amo, amigo.  Como mi Padre también te ama.  Yo tengo que cumplir mi misión; la de dar vida abundante al hombre.  Vida a tu corazón joven.   Vida a tu mente joven a punto de quedar confundida en la mentira por falta de una ética.  Vida a tu alma, vacía y dolorida llena de otros ídolos que te van quitando la libertad.  Te busco, amigo, porque Yo, Jesús, soy tu Salvador.

Hoy te quiero con la mirada hacia delante.  No vuelvas la cabeza al pasado; no te lamentes por lo que no viviste con dignidad.  Te quiero en mi seguimiento con garra, con tenacidad, con fuego.  Quiero tu juventud para que prendas fuego en el corazón de otros jóvenes.  Esa llama que arde en tu corazón es la llama de la fe, que quema todo lo carnal que te hunde en tu vida-muerte.  Es la misma que te iluminó por dentro y te hizo ver con nuevos ojos la vida.  Esa llama,  síguela cultivando con la oración y el contacto con mis Palabras.

Grita a los jóvenes que es posible comenzar de nuevo, que es posible levantarse.  Ser joven es ser original, auténtico, verdadero.  Ser joven es ser libre.  Sigue; sigue ese camino nuevo y cuenta conmigo.

 

Cantamos las demás estrofas de Jesús Aquí estoy

Sé que no estoy solo, veo a otros que están en lo mismo que yo, y le doy gracias al Señor por ellos

(1 por obra hace acción de gracias para que hagan oración por los religiosos, grupos, etc de su obra)

A cada acción de gracias decimos: el estribillo de la canción o podemos intercalar cada obra entre las estrofas del Salmo 121

Se lee el Salmo 121 de Salmos de un corazón Joven

 

¡Qué alegría he descubierto al sentirme Iglesia!

¡Qué alegría al saber que camino dentro de un Pueblo nuevo!

¡Qué alegría compartir mi fe en ti con los seguidores tuyos!

¡Qué alegría, Señor, caminar, como hermanos hacia tu casa!

 

Es bello caminar todos unidos, como un solo hombre;

Es suave avanzar apoyado en el hombre de mi hermano;

Es dulce compartir los gozos y las alegrías en grupo;

Es hermoso hacer de neuvo el camino con las manos dadas.

 

Nuestros pies, Señor, se han puesto en marcha

Y tu Espíritu es su aliento;

Nuestros pasos, Señor, están guiados por tu Palabra;

Ante nosotros se abren las puertas de una nueva humanidad;

Y se llena el corazón de gozo

A medida que el Pueblo avanza.

 

Con tu Iglesia, Señor Jesús,

Caminamos dejando huellas en la historia;

Vamos subiendo contigo, tomando parte en tu destino:

La Cruz; dejamos a nuestro paso semillas profundas de tu Evangelio.

Alienta nuestra marcha;

Anima nuestro peregrinar, Señor.

 

Caminamos contigo hacia la casa del Padre abierta a todos;

Caminamos en espera de la vida eterna que nos aguarda;

Llevamos en el corazón la verdad de un más allá cercano;

Y nuestra fatiga se queda atrás al responder a tu llamada.

 

Haznos sembradores de paz a lo largo del camino;

Que germine la paz como fruto de la justicia en nuestra tierra;

Que nuestras manos se abran al dolor del hombre de corazón roto;

Y que dejemos en el camino el pan y la sal como señal de testigos.

 

Por amor de mis hermanos,

Por amor a todos los hombre: ¡Danos tu amor!

Por amor a los que sufren, a los que lloran;

¡Danos tu compasión!Por amor a los humildes y oprimidos;

¡Danos tu verdad y libertad!

Por amor al débil, al niño, al indefenso:

¡Danos el don de la fe!

 

La paz contigo, hermano:

Tu que vives bajo el techo de las estrellas.

La paz contigo, hermanos:

Tú que no tienes una tierra para tus manos.

La paz contigo, hermanos:

Tú que no sabes el calor de un hogar.

La paz contigo, hermanos:

Tú que lloras en silencio y sueñas con pan.

Danos tu paz, hermano: tu que tienes un corazón de pobre verdadero.

Danos tu paz, hermano: tu que eres limpio, puro, transparente.

Danos tu paz, hermano: tu que eres compasivo y justo.

Danos tu paz, hermano: tu que eres manso y humilde de corazón.

 

Unidos en Iglesia que camina: te deseamos, hermano, todo bien.

Unidos en Iglesia que camina: nos comprometemos en llevarte la justicia.

Unidos en Iglesia que camina: te deseamos, hermano la libertad que no tienes.

Unidos en Iglesia que camina: nos comprometemos a que seas HOMBRE, hijo de Dios.

Antífonas A pie descalzo caminamos contigo...

                 Tú Señor, eres el camino...

Cantamos...(3)

No podían contener la emoción.  Al despertar el día, corrieron al encuentro con los suyos, no se quedaron con la noticia.  Cuando Jesús entra en una vida, quema.  Su llama no puede ser guardada, necesita ser extendida, llevada, comunicada a otros.  La experiencia de Jesús llama luego a ser vivida en comunidad.  Es la Hora de lanzar al viento del Espíritu proyectos y utopías, sueños y aventura.  Es la hora de tomar en nuestras manos jóvenes este mundo deshecho, desesperanzado, dolorido y curarlo, sanarlo, amarlo.  Es la hora de ser manos de Jesús en la historia; hora de ser corazón de Jesús en la historia; hora de ser corazón de Jesús en las soledades; hora de ser ojos de Jesús en los marginados, despreciados; hora de ser pies de Jesús hacia los que nadie se dirige; hora de ser palabra de Jesús que consuele, anime, motive.  Jesús viene.  Jesús está en la historia. Jesús se hace hoy Presencia salvadora en el corazón de los jóvenes.  Trae en nosotros vida nueva, impulso nuevo, estilo nuevo.  Jesús quiere llegar al mundo viejo de hoy, desde nuestro corazón joven. Jesús se hace joven hoy.  Jesús siempre fue joven.

 

 

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