
DISCERNIR
Objetivo:
Jesús nos invita a alojarse en nuestra casa. Mirar con los ojos de Cristo,
principalmente en lo que hace a su encuentro con los demás, cómo celebraba la
vida, aprehender de El, encarnarme en ese Cristo que se lanza a los demás, al
encuentro con los otros, El sale desde El porque cumple la Voluntad del Padre.
ü
Motivación:
Juan
llega a su casa y viene acompañado por un amigo “el flaco”, un poco mayor
que él.
Juan
saluda al llegar y dice: ¡Sorpresa! ¿Miren a quién invité a casa a comer?
En
su casa están su mamá, su papá, su hermano y su abuelo.
(La
mamá sale a su encuentro sonriente a recibir a su hijo, le da la bienvenida a
su amigo)
La
Madre: - ¡Cuánto hace que no venís por casa!. Yo sabía
que ni bien te hicieras amigo de Juan no
tardaría en traerte a casa.
El
flaco: - Es cierto. Cuánto tiempo. Pensar que antes venías
cada tanto a mi casa, pero ya hace rato que no nos visitás.
La
madre: - Vos sabés como son las cosas, el tiempo, las
ocupaciones.... pero, pasa ¡bienvenido! La madre continúa con lo que estaba
haciendo para esquivar la conversación.
(El
hermano que está en un sillón escuchando música permanece indiferente, y el
padre que ve la escena desde lejos se mantiene distante con cara de
desconfiado.)
(El
abuelo que lee el diario ha escuchado pero también permanece indiferente.)
Juan:-
Ponéte cómodo “flaco” que voy a buscar unas cosas que quiero mostrarte y
vuelvo enseguida.
(El
flaco se sienta al lado del hermano, quien permanece inmutable)
El
flaco: - Seba, vos siempre igual. No me vas a dar bola ni
aunque me siente al lado tuyo ¿no?.
(Seba
sigue sin responder)
El
flaco: - Pensar que pudimos ser los mejores amigos, y
preferiste arreglártelas solo. Y lo conseguiste.... Porque a pesar de tus compañías,
a ninguno los considerás amigo tuyo.
(El
hermano sigue sin contestar pero eleva la mirada como acordándose de los viejos
tiempos.
El
flaco ya no insiste, se levanta le presiona el hombro y va para la cocina donde
está el padre de Juan, y antes que diga nada)
El
Padre: ¡No me vengás a hablar a mi ahora! Ya sabía que
tan pronto como Juan se hiciera amigo tuyo no tardarías en volver a casa. A mi
casa vení cuando quieras, pero no te acerques a mí.
(el
flaco hace un ademán de querer responderle)
El
Padre: - Vos sabías que ese ascenso era para mi. Mirá
que te lo pedí y hasta te rogué que me ayudes a conseguirlo, y ya ves. Se lo
dieron a Carlos. Y eso no te lo voy a perdonar jamás.
El
flaco: - Néstor, ya se que me lo pediste. Pero no tuviste
confianza en mí. Yo sabía que no te convenía...
(El
Padre) interrumpe: - No me vengas con eso, ¿vos qué
sab...? Buenos, aunque lo sepas, necesitaba esa oportunidad... quería esa
oportunidad.
El
flaco: - Al final pensé que te gustaba estar conmigo, que
disfrutabas los momentos que pasamos juntos, y ahora dándome cuenta que solo me
querías para pedirme. ¡Qué clase de amistad es esa!
El
padre: - ¿Qué querés de Juan? ¿Te lo querés llevar?
¿Qué le vas a proponer?
El
flaco: - Vos sabés que para Juan solo deseo lo mejor.
Juan es tan importante para mí como toda tu familia. Incluso de vos aunque te
enceguezcas en reconocerlo. Incluso de Seba (el otro hijo) que está en casa
pero es como si no estuviera. Y lo que tengo preparado para Juan, es entre él y
yo. Cuando quieras conocer lo que tengo preparado para vos, vení a mi casa, y
empezamos de vuelta.
(El
padre, hace un gesto de por ahora no y se aleja.)
(Mientras
que espera a Juan, el flaco se sienta al lado del abuelo, quien parece querer
esconderse detrás del diario como para no verlo al flaco.)
El
flaco (sabiendo que lo está escuchando empieza): -
Franco... Te estuve esperando todos estos años y ya no me volviste a visitar.
¡Qué felices éramos con Clara, tu esposa, cuando nos fuimos de misioneros al
chaco! ¿No? ¡Cuántas familias que visitamos! ¡cómo nos recibieron! Ese años
hice más amigos en ese pueblito, como nunca antes en el pasado. Y todo gracias
a ustedes y a ese grupo juvenil. Como ahora con Juan ¿no?
(El
abuelo parece recordar todo lo que relata el flaco y se emociona. Pero permanece
en silencio.)
EL
flaco: Pero desde que Clara se fue, ya no sos el mismo.
Ella te está esperando en casa con papá, pero sabés que todavía te necesito
acá. En tu familia, en tu barrio. ¿Por qué no venís a verme a casa y
charlamos un poquito más?
(El
abuelo, baja el diario, y con una sonrisa le responde allí va a estar y que lo
espere.)
Juan
(llega con unos papeles y dibujos, y ve que está de charla con el abuelo):
- ¿ya se conocían ustedes?
El
flaco: - Dale Juan... si vos sabés que conozco a tu
familia hace años. (y se levanta mientras que se dan la mano con el abuelo como
en un ¡Trato hecho!)
El
flaco: - No sabés como extrañaba venir a tu casa. ¡Gracias
por haberme invitado!
Juan:
- ¡Vamos Flaco! Vos sabes que no necesitas invitación. Vení que te muestro en
lo que estamos trabajando en la JUBE.
(Juan
empieza mostrarle una infinidad de
proyectos pastorales en su obra y en una provincia del interior.)
El
flaco (interrumpe): - ¡Esperá, Juan! Vayamos de a poco.
¿Por qué no empezás contándome un poco más de vos, de tu nuevo trabajo. Me
enteré que empezaste a salir con Mónica. Después hablamos de lo que van a
HACER.
(Los dos se van abrazados mientras que Juan con mucha alegría entra en un diálogo personal y amistoso con el flaco.)
El
flaco: - Juan. Necesito que hagas algo para mi. No es fácil,
pero sos el mejor amigo a quién puedo pedírselo. No me tenés que responder
ahora, pero necesito que lo pienses con cuidado.
Juan
(medio asustado): - La verdad es que me muero de nervios.
Porque sé que a otros le has pedido mucho y tengo miedo de no poder aceptar lo
que me pidas.
Flaco:
- Vos sabés que quiero que seas muy feliz. Realmente feliz. No tengas miedo.
(Y
el flaco le cuenta que quiere de él aunque no se escucha lo que le está
diciendo.)
Juan
ya está en su casa. Ha escuchado lo que el flaco le ha pedido y está
preocupado, pensativo. Está contento porque le han confiado algo importante y
por otro lado nervioso por no animarse o por fracasar.
(Su
hermano menor, Seba, sabe que está preocupado y trata de animarlo.)
Seba:
- ¿Te lo ha pedido no?
(Juan
asiente con la mirada baja.)
Seba:
- ¿Qué es lo que te preocupa? ¿Acaso no es tu amigo?
Juan:
- Claro que lo es. No es eso. Es que tengo miedo de fallarle.
Seba:
- La verdad, hermano, es que te envidio. Tenés un proyecto y tenés unas
fuerzas bárbaras para hacerlo, y sobre todo ese amigo que tenés.
Juan:
- Seba. Si a vos también te quiere tanto como a mí. Yo sé que tiene un
proyecto muy importante también para vos. ¿Por qué no te acercás un poco más
a él?
Seba:
- La verdad es que me da vergüenza, después de cómo traté todos estos años.
¿Cómo hago para acercarme a él.
Juan:
- Nada, gilún. El te está esperando. Siempre te esperó y siempre te va a
esperar. Yo hablo mucho de vos con él, y él me habla mucho de vos.
Seba:
-¿En serio?
Juan:
- Claro, Seba. Yo sé que a vos esto de la JUBE no te va, pero podés acercarte
a él igual. Hasta con la música que es lo que más te gusta puede ser un
motivo para acercarte a él. Ya sabés que a él le hace feliz lo que a vos te
hace feliz.
Pensálo...
y dejáme un poquito solo que quiero pensar.
(El
papá y la mamá de Juan, están preocupados porque ver tan pensativo y por
momentos entusiasmado a su hijo. Saben que tiene que tomar una decisión, pero
no conocen de que se trata.)
Papá:
- Seba. ¿Podemos charlar un rato?
Juan:
- ¡Dale! Así me despejo un poco.
Papá:
- ¿Estás preocupado por algo que te pidió? ¿No?
Juan:
- La verdad es que no estoy tan preocupado por lo que me
pidió. Más bien lo estoy porque me eligió a mí. Yo, que nunca pude encarar
nada con seriedad y responsabilidad.
Papá:
- La verdad es que no se que te habrá pedido, y me preocupa. Pero si puedo
decirte que estoy seguro que si te eligió, es porque vio lo mejor de vos y yo
que te conozco sé que no se equivocó.
Todavía
sos chico, por eso te preocupa la seriedad y la responsabilidad, pero eso viene
solo, cuando descubrís tu verdadera vocación. Y de eso se trata. Si viene de
él, es tu vocación. Es lo que te va a hacer feliz.
Papá:
- No importa lo que sea. Yo sé que vos sos capaz. (Y lo abraza con orgullo.)
Papá:
- Lo invité a almorzar mañana. Quiero que lo invitemos más seguido a estar
con nosotros.
v
Trabajo
personal
ü
Elegí
un personaje y pensá:
¿Por
qué lo elegiste?
¿Qué
te llamó la atención?
¿Relacionás
alguna situación con alguna que conozcas en la realidad?
¿Qué
sentimientos le despertó El Flaco al personaje?
¿Qué
sentimientos tiene el personaje hacia el flaco?
¿Vos
tendrías la misma actitud del personaje? ¿Por qué?
¿Es
este el personaje con el que te identificás? Si no, ¿con cual? ¿Por qué?
ü
Comparten
en binas o de a tres los sentimientos y actitudes.
ü
Meditación
personal guiada
Hasta acá,
“El Flaco” o Jesús, salió a buscar a otros, ahora quiere tener un
encuentro con vos,
te mira y te dice: “Bajá, que
hoy quiero alojarme en tu casa”
Para preparar
el corazón y la mente te invito a que levantes los ojos al cielo, observálo
por un rato tratando de aquietar tus pensamientos.
Cuando creas
conveniente, ponéte en presencia del Padre haciendo la señal de la Cruz.
Pedile a Jesús que te toque el corazón y vivifique en él tu llama
joven; y que el Espíritu Santo sople fuerte, despejando todo aquello que te
impida seguir mejor a Cristo.
Comenzá con el
texto que sigue, hacé una lectura con la mente y, luego, una lectura con el
corazón tratando de pensar y sentir qué
quiere Dios de vos
“Eran las cuatro de la tarde. Nunca
olvidaré esa hora. Andrés y yo estábamos con Juan Bautista.
Pertenecíamos a su comunidad. Al
pasar Jesús, dijo: “Este es el Cordero de Dios”. Como atraídos, arrancados
del lado de nuestro maestro, nos pusimos en camino detrás de Aquel Maestro. El
nos dijo “qué buscan”; nosotros le respondimos “dónde vives”.
Y nos invitó a ir con El y a ver. Y
aquella noche quedará para siempre en el corazón joven de Andrés, y en el mío,
aún más joven. Por fin, mis años
jóvenes habían encontrado rumbo.
Luego todo fue como una chispa que salta y que incendia el bosque.
Nosotros no podíamos callar la llama, no podíamos encerrar el fuego.
Y se lo contamos a Simón y a Felipe y a Natanael.
Sencillamente les dijimos: “Hemos encontrado al Cristo”. Estábamos
tan seguros de ello que se sintieron atraídos por nuestro testimonio.
Y se pusieron en camino. Sin saber quién era Jesús, iban decididos a
“encontrarse con El”. Como
nosotros, también se sintieron tocados por su mirada, por su Palabra, por su
Presencia. Nos mirábamos los unos
a los otros, pero necesitábamos mirar todos en la misma dirección, necesitábamos
mirar a Jesús.
Y así comenzó todo. El no ofrecía nada; se daba, lo sentías tuyo. El no imponía nada; sólo sugería, invitaba, inquietaba. El no se quedaba atrás; siempre caminaba adelante, abriendo el camino. El no se quedaba parado, instalado en ninguna parte; siempre en éxodo, siempre de pueblo en pueblo, siempre en busca del hombre y la mujer necesitados. Pronto aprendimos un estilo nuevo de vida, una manera única, original, auténtico de ver, pensar, sentir y actuar. Era el estilo de Jesús que, como el fuego, iba prendiendo en llama viva en nuestras vida. Quemaba lo de atrás, lo viejo; y de sus cenizas surgía un hombre nuevo.
Jesús
perdido entre los hombres, sudando entre los hombres, manchándose de polvo del
camino entre los hombres, fatigado de caminar... Jesús sigue adelante.
Con Jesús, amigo del hombre, hermano del que sufre, el camino se hace
ligero al caminar. Con Jesús la
vida del hombre encuentra sentido. Jesús tiene un corazón sensible, un corazón
con capacidad de amar y ser amado. Jesús
crea amistades y le gusta cultivarlas. Es
amigo sincero. Amigo fiel y
transparente. Tiene un corazón
lleno de ternura y bondad, de dulzura y humildad.
Jesús siempre es claro. Y
va derecho a las cosas. No cabe en
El la postura ambigua. Le gusta el
sí o el no. Jesús es directo. Es inquietante.
Reta a comenzar de nuevo. Jesús
llama a poner en mi vida amor, donde haya odio; verdad, donde haya mentira;
libertad, donde haya esclavitud; fe, donde haya duda.
Llama a abrir los ojos y caminar sin miedo. Jesús lleva a
encontrarse consigo mismo, con la realidad carnal, baja, llena de
pasiones. Con la realidad de
tendencias desordenadas, marcadas por el orgullo, egoísmo, violencia... Jesús
hace que entre dentro de mí y descubra la realidad profunda. Experimente esa pelea del corazón humano entre lo de arriba
y lo de abajo, entre el hombre nuevo y el hombre viejo. Llama a que abra los ojos desde la fe a esa vida nueva que,
si creo, va a nacer en mi corazón de hombre.
Necesito dejarme llevar por el viento que sopla, el viento que hace
temblar la llama viva de la vela, el viento que va arrancando una a una las páginas
de mi viejo libro.
Jesús
quiere al hombre como esté, en su situación personal.
Así lo llama, Así lo ama. Jesús
quiere al hombre que poco a poco vaya cambiando su corazón.
Jesús no ofrece nada, se ofrece a sí mismo; Jesús no promete descanso
y vida plácida.
Jesús
salva porque nos da la mirada honda sobre las personas y los acontecimientos.
El nos hace ver con claridad. A
los leprosos, Jesús les impuso las manos. Jesús jamás desoyó el llamado de
un enfermo, pero más allá del cuerpo, Jesús sanó a quienes tienen un corazón
enfermo. Fue así como hizo que
Zaqueo se transformara en hombre honrado y solidario. Hizo que una mujer adúltera
recibiera su perdón y su acogida. Jesús
no es un Super Hombre, es un hombre como todos, es un joven con ideales, El está
sometido al tiempo, al espacio, la cultura y a la historia como cualquier hombre
de la tierra. El amor moviliza
todas sus acciones, el llanto y las lágrimas no lo humillan al llorar en público
para expresar el dolor que siente en su alma.
Siente indignación ante los fariseos por su estrechez e hipocresía. Con una soga se fabrica un látigo, da vuelta a las mesas,
desparrama el dinero y expulsa del templo a los que comercian como ladrones.
Jesús se compromete con aquellos que lo aman.
A sus discípulos los quiere, los consuela, los visita, y les da su
tiempo y su palabra. Vivió en
plenitud su vida. Conoció el trabajo, la familia, la amistad y la tierra.
Supo amar intensamente, apasionadamente.”
v
Te
dejo una guía por si querés ir preparándote para tu encuentro personal con
Jesús
'
Para los primeros párrafos
Me pongo en el
lugar de los discípulos, miro cómo actúan y cómo actuaría yo.
Pienso quién fue en mi vida que me dijo: “Este es el Cordero de Dios”
&
Para
la segunda parte
Me pongo a la
escucha, a ver qué me dice Jesús, a qué me invita, qué me resuena, qué
cosas me ayudan a ser otro Cristo y qué cosas me alejan.
Le pregunto: ¿esto
es lo que Vos querés para mi vida? ¿esto es lo que me decís cuando me invitás
a seguirte?
Hablo con Dios
Padre y le pregunto si hay algún aspecto de Jesús que me pide que cultive, en
qué aspectos de mi vida tengo que renovarme.
Hablo con Jesús,
antes de encontrarme con El, me imagino dónde me encontraría, cómo sería ese
lugar, en qué momento del día, qué le preguntaría, anoto lo que me va
surgiendo. Llega la hora del
encuentro, ¿cómo estoy? ¿Cómo me siento al esperarlo? ¿Llegó mi amigo? ¿Vendrá?
Hubo alguna situación en la cual me quedé esperándolo y sentí que Jesús no
vino.
Por fin llega, se sienta conmigo, me saluda y me mira a los ojos y comenzamos nuestra charla...
v
Celebración
Objetivo: Celebrar que Cristo nos une, que es el motivo de nuestra alegría, del encuentro, que nos interpela a salir de nosotros a encontrarme con nuestros hermanos.
Nos
reunimos todos juntos por el faro mientras cantamos....(1)
Este amigo nos quiere decir algo más. Así como invitó a Andrés y a Juan, nosotros, ahora, le decimos: Maestro, dónde vives? El lo invitó a Juan a pasar, y esta puerta simboliza la puerta de su casa más íntima, de su corazón. Nos invita a meternos en su corazón y lo queremos representar con esta puerta y en el faro que representa a Jesús, como lo vivimos en los CamJuMitas anteriores, como nuestra luz y guía, por esta puerta podemos entrar a El.

Cantamos
“Entra a mi hogar”
(mientras vamos caminando al oratorio)
Ahora
estamos esperando a nuestro amigo, nos venimos preparando desde la mañana,
fuimos preparando nuestro corazón, nos fuimos despojando de nuestras
preocupaciones, de lo que no nos dejaba ver y acá estamos,... esperándote...
Cantamos
“Jesús Aquí Estoy”,
2 primeras estrofas.
Entra
el Santísimo, canto de Adoración
Bendiciones

Leemos
Lc 19,1 – 16 La conversión de Zaqueo
Silencio
Cantamos...(2)
Retomar
lo que meditamos, le pregunto a Jesús, presente, en frente nuestro, ¿esto
es lo que querés para mi vida? ¿esto es lo que decís cuando me invitás a
seguirte?
Silencio

Zaqueo,
Juan, Joven, amigo. Las cosas no
ocurren porque sí; yo estoy marcando tus pasos; yo estoy abriendo un espacio
nuevo en tu historia joven. No; mi
sangre derramada en lo alto de la cruz no fue broma. LA derrame por ti. Yo
te amo, amigo. Como mi Padre también
te ama. Yo tengo que cumplir mi
misión; la de dar vida abundante al hombre.
Vida a tu corazón joven. Vida
a tu mente joven a punto de quedar confundida en la mentira por falta de una ética.
Vida a tu alma, vacía y dolorida llena de otros ídolos que te van
quitando la libertad. Te busco,
amigo, porque Yo, Jesús, soy tu Salvador.
Hoy
te quiero con la mirada hacia delante. No
vuelvas la cabeza al pasado; no te lamentes por lo que no viviste con dignidad.
Te quiero en mi seguimiento con garra, con tenacidad, con fuego.
Quiero tu juventud para que prendas fuego en el corazón de otros jóvenes.
Esa llama que arde en tu corazón es la llama de la fe, que quema todo lo
carnal que te hunde en tu vida-muerte. Es
la misma que te iluminó por dentro y te hizo ver con nuevos ojos la vida. Esa llama, síguela
cultivando con la oración y el contacto con mis Palabras.
Grita
a los jóvenes que es posible comenzar de nuevo, que es posible levantarse.
Ser joven es ser original, auténtico, verdadero.
Ser joven es ser libre. Sigue;
sigue ese camino nuevo y cuenta conmigo.
Sé
que no estoy solo, veo a otros que están en lo mismo que yo, y le doy gracias
al Señor por ellos
(1
por obra hace acción de gracias para que hagan oración por los religiosos,
grupos, etc de su obra)
A
cada acción de gracias decimos: el estribillo de la canción o podemos
intercalar cada obra entre las estrofas del Salmo 121
Se
lee el Salmo 121 de Salmos de un corazón Joven
¡Qué
alegría he descubierto al sentirme Iglesia!
¡Qué
alegría al saber que camino dentro de un Pueblo nuevo!
¡Qué
alegría compartir mi fe en ti con los seguidores tuyos!
¡Qué
alegría, Señor, caminar, como hermanos hacia tu casa!
Es
bello caminar todos unidos, como un solo hombre;
Es
suave avanzar apoyado en el hombre de mi hermano;
Es
dulce compartir los gozos y las alegrías en grupo;
Es
hermoso hacer de neuvo el camino con las manos dadas.
Nuestros
pies, Señor, se han puesto en marcha
Y
tu Espíritu es su aliento;
Nuestros
pasos, Señor, están guiados por tu Palabra;
Ante
nosotros se abren las puertas de una nueva humanidad;
Y
se llena el corazón de gozo
A
medida que el Pueblo avanza.
Con
tu Iglesia, Señor Jesús,
Caminamos
dejando huellas en la historia;
Vamos
subiendo contigo, tomando parte en tu destino:
La
Cruz; dejamos a nuestro paso semillas profundas de tu Evangelio.
Alienta
nuestra marcha;
Anima
nuestro peregrinar, Señor.
Caminamos
contigo hacia la casa del Padre abierta a todos;
Caminamos
en espera de la vida eterna que nos aguarda;
Llevamos
en el corazón la verdad de un más allá cercano;
Y
nuestra fatiga se queda atrás al responder a tu llamada.
Haznos
sembradores de paz a lo largo del camino;
Que
germine la paz como fruto de la justicia en nuestra tierra;
Que
nuestras manos se abran al dolor del hombre de corazón roto;
Y
que dejemos en el camino el pan y la sal como señal de testigos.
Por
amor de mis hermanos,
Por
amor a todos los hombre: ¡Danos tu amor!
Por
amor a los que sufren, a los que lloran;
¡Danos
tu compasión!Por amor a los humildes y oprimidos;
¡Danos
tu verdad y libertad!
Por
amor al débil, al niño, al indefenso:
¡Danos
el don de la fe!
La
paz contigo, hermano:
Tu
que vives bajo el techo de las estrellas.
La
paz contigo, hermanos:
Tú
que no tienes una tierra para tus manos.
La
paz contigo, hermanos:
Tú
que no sabes el calor de un hogar.
La
paz contigo, hermanos:
Tú
que lloras en silencio y sueñas con pan.
Danos
tu paz, hermano: tu que tienes un corazón de pobre verdadero.
Danos
tu paz, hermano: tu que eres limpio, puro, transparente.
Danos
tu paz, hermano: tu que eres compasivo y justo.
Danos
tu paz, hermano: tu que eres manso y humilde de corazón.
Unidos
en Iglesia que camina: te deseamos, hermano, todo bien.
Unidos
en Iglesia que camina: nos comprometemos en llevarte la justicia.
Unidos
en Iglesia que camina: te deseamos, hermano la libertad que no tienes.
Unidos
en Iglesia que camina: nos comprometemos a que seas HOMBRE, hijo de Dios.
Antífonas
A pie descalzo caminamos contigo...
Tú Señor,
eres el camino...
Cantamos...(3)
No
podían contener la emoción. Al
despertar el día, corrieron al encuentro con los suyos, no se quedaron con la
noticia. Cuando Jesús entra en una
vida, quema. Su llama no puede ser
guardada, necesita ser extendida, llevada, comunicada a otros.
La experiencia de Jesús llama luego a ser vivida en comunidad.
Es la Hora de lanzar al viento del Espíritu proyectos y utopías, sueños
y aventura. Es la hora de tomar en
nuestras manos jóvenes este mundo deshecho, desesperanzado, dolorido y curarlo,
sanarlo, amarlo. Es la hora de ser
manos de Jesús en la historia; hora de ser corazón de Jesús en la historia;
hora de ser corazón de Jesús en las soledades; hora de ser ojos de Jesús en
los marginados, despreciados; hora de ser pies de Jesús hacia los que nadie se
dirige; hora de ser palabra de Jesús que consuele, anime, motive. Jesús viene. Jesús
está en la historia. Jesús se hace hoy Presencia salvadora en el corazón de
los jóvenes. Trae en nosotros vida
nueva, impulso nuevo, estilo nuevo. Jesús
quiere llegar al mundo viejo de hoy, desde nuestro corazón joven. Jesús se
hace joven hoy. Jesús siempre fue
joven.